El derecho a NO consentir

Se conoce como consentimiento al acto y resultado de consentir  (es decir, aprobar la concreción de algo, condescender, tener por cierto algo, otorgar, permitir, etc.). La idea de consentimiento, de acuerdo al significado del término, implica admitir, tolerar o soportar una determinada condición. Pueden existir muchas maneras de expresar el consentimiento, o el no consentimiento, pero una de las más claras es a través de los monosílabos “Sí”, para consentir, y “No”, para no consentir. Y esto es muy importante para todas las situaciones de la vida, pero también específicamente para aquéllas en las que nos sentimos violentadas.

Sin embargo, cuando hablamos de las relaciones hombre-mujer, algunos hombres creen que los significados cambian. Los “No” se convierten en “Sí” por una especie de extraño poder de interpretación de un supuesto lenguaje femenino indescifrable. Todo esto es mentira, y desde Federación Mujeres Jóvenes queremos expresar que las mujeres también tenemos derecho a elegir lo que queremos y no queremos consentir en nuestras vidas.

Existe una mentira histórica muy arraigada de la existencia de un lenguaje femenino, específico para las mujeres, que los hombres han intentado descifrar con más o menos éxito desde sus propias interpretaciones del mundo, que como sabemos están muy influidas por la diferencia de poder y oportunidades que tienen las mujeres y los hombres a favor de estos últimos. Pero, cuando las mujeres podemos tener la capacidad de expresarnos, es importante tener en cuenta que todas tenemos la inteligencia suficiente para decir lo que queremos decir, que no hay un código secreto y que no tenemos por qué esconder nuestros pensamientos ni deseos tras oscuros jeroglíficos.

Los hombres no se pueden justificar en esa perversión de la interpretación del lenguaje para decidir por su cuenta, sino que deben entender que cuando las mujeres decimos “No”, no cabe otra opción que el “No”, y por tanto que cualquier acción que se produzca a partir de ese momento estará en contra de la voluntad de la mujer que está siendo violentada. Y si bien es importante empoderarnos como para poder verbalizarlo, muchas veces ese “No” no tiene por qué ser verbal, el cuerpo y los gestos son dos productores de comunicación muy potentes.

NO es NO

Lo más importante de todo es que las mujeres tenemos que reivindicar nuestra existencia como seres LIBRES para decidir sobre nuestro cuerpo, y que los hombres deben respetarnos. Y todo ello lo tendremos que hacer muy a pesar del sistema patriarcal que nos rodea y que es ajeno a las experiencias vividas por una mujer violentada en cualquiera de sus facetas. Este sistema es el que nos pone en riesgo a las mujeres, y el que nos hace incluso sentir culpables o acorraladas en las situaciones en las hemos sido nosotras las dañadas. Esto se traduce en muchas consecuencias, y una de ellas es la no denuncia de las situaciones de violencia o en la retirada de denuncias por presiones diversas.

Tenemos que seguir reivindicando nuestro derecho a NO tener MIEDO y hacer uso de nuestro “libre consentimiento”.

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