Por amor…

 

En esta ocasión, desde la Federación Mujeres Jóvenes queremos hablar de uno de los peligros a los que estamos sometidas día tras día, hora tras hora: el viejo mito de amor romántico.

Para que todas nos entendamos, veamos el siguiente relato que seguramente nos sonará por haberlo visto en películas, por haberlo leído en múltiples historias o por haberlo comentado con nuestras amistades:

Chico conoce a chica, les da un chispazo, se enamoran, superan algún conflicto que tienen en contra, se juntan definitivamente sin que nadie impida su amor, son felices para siempre.

Ésta es la base del llamado “amor romántico´”. El amor romántico lo invade todo, no hay escapatoria. Desde la infancia los cuentos nos han relatado cómo deben ser nuestras vidas, qué idea debemos tener sobre el amor y cómo el culmen de nuestra historia debe ser una boda en la que nos sintamos como princesas, donde lo más importante  es llevar un precioso vestido junto a unos estilosos zapatos.

enero2014 Por amor

Este amor nos habla de un ideal imposible, plantea un estado de enamoramiento perpetuo, un deseo sexual inmutable, una felicidad completa.  Poco nos acerca a la realidad, a esa realidad en la que podemos encontrar cariño, compañerismo, sexualidad placentera, libertad dentro de la relación.

Todas tenemos que aguantar la divulgación hasta la fatiga de este tipo de amor a través de la música, la literatura, las series de televisión y toda la cultura en general, una cultura que nos ahoga como mujeres, porque nos enseña que debemos ser princesas, princesas que siempre estarán tras “su” hombre, el príncipe azul.

Por amor, a las mujeres nos enseñan a aferrarnos a situaciones de maltrato, abuso y explotación. “Por este maravilloso amor” aguantamos insultos, violencia; nos dicen que nosotras somos las culpables de estas situaciones, que debemos renunciar a nuestra libertad, porque el tener un hombre a nuestro lado es lo que nos da dignidad. Parece que no podemos alcanzar el éxito social y personal completo si no hay un hombre que nos ame, que nos elija hacernos especiales, que nos haga dignas de vivir. .

Esta desigualdad estructural que existe entre mujeres y hombres se perpetúa en todos los ámbitos de vida social, económica, política y personal. Por todo ello es imprescindible la educación en valores, en igualdad, y en la no necesidad de un hombre y sí en la necesidad de amar libremente.

Tenemos que trabajar mucho para que el amor igualitario, lejos de mitos y trampas, se expanda y la igualdad sea una realidad, más allá de los papeles, porque nosotras también tenemos nuestros propios reinos.

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