Sexismo y Educación

El sexismo es una forma de discriminación que utiliza al sexo como criterio de atribución de capacidades, valoraciones y significados creados en la vida social. Es decir, con base en una construcción social y cultural, la sociedad ordena la realidad en dos cajones que respectivamente se señalan “esto es cosa de mujeres” “esto es cosa de hombres” y, al igual que otras formas de discriminación, tiende a encorsetar a las personas en parámetros impuestos (Morgade, 2001). Tal vez, esta definición nos parezca agresiva, pero recordemos nuestros años escolares y analicemos…

La diferenciación sexista afecta a las mujeres y a los hombres. Sin embargo, en el sexismo la diferencia se coloca en una escala jerárquica que termina por sostener el argumento que las mujeres son inferiores. Esta condición de inferioridad se perpetúa a partir de mecanismos, que terminan por crear y consolidar representaciones sociales acerca de las mujeres y de los hombres que, a su vez, actúan para transformar la diferenciación en segregación, como puede ser la escuela u su entorno

¿Puede la educación contribuir con la erradicación del sexismo?

Desde la sociología de la educación y, en particular, desde la pedagogía crítica, se empezó a perfilar, hace algunas décadas, una tendencia que evidenció el sistema educativo como un espacio investido por el poder, carente de neutralidad y, por lo tanto, creador y legitimador de identidades sociales jerarquizadas. La necesidad de una educación emancipadora y liberadora comprometida con la superación de las desigualdades sociales, por consiguiente, fue un planteamiento que empezó a cobrar fuerza.

Desde Federación Mujeres Jóvenes continuamos trabajando para combatir las actitudes sexistas que predominan en la sociedad actual:

  • La utilización del cuerpo de las mujeres como objeto sexual.
  • La posición de las mujeres en la economía, dado que continúan presentando altas tasas de desempleo y subempleo. De la misma manera y aunque es visible la creciente participación de las mujeres en el mercado de trabajo, se mantiene la brecha salarial en perjuicio de éstas.
  • La socialización favorece y estimula alternativas educativas con la subsecuente segregación ocupacional. De esta manera, los hombres dominan en las áreas de ingeniería, informática y seguridad, mientras que las mujeres predominan en la enseñanza y las ciencias sociales que son, por lo general, áreas deficitariamente remuneradas.
  • La sub-representación en los puestos políticos. A pesar de que en nuestro país y en otros más, se ha establecido la obligatoriedad de nombrar un porcentaje significativo de mujeres en los cargos políticos, la representación femenina no alcanza niveles satisfactorios. Si bien la paridad numérica no es sinónima de paridad genérica, en lo que respecta a la toma de decisiones, ni siquiera se ha alcanzado la primera.
  • La violencia intrafamiliar, cuyas principales víctimas son las mujeres, muestra un alarmante aumento, así como un recrudecimiento de sus distintas formas, generando con ello numerosos casos de feminicidio. De igual manera, la violencia sexual (incesto, abuso sexual y violación) muestra ritmos crecientes, siendo las mujeres, las niñas y las adolescentes los grupos más afectados.
  •  Las relaciones de poder y de dominio que caracterizan las relaciones entre mujeres y hombres mantienen intacta su estructura y ello es visible desde diferentes dimensiones: La educación superior a la que ha tenido acceso un sector de mujeres no se ha traducido en la eliminación de las relaciones desiguales de pareja. En el mejor de los casos, adquiere expresiones más sutiles y, en el peor, se han mantenido invariables.
  • Y un largo etcétera…

La enseñanza se ha asociado como un trabajo femenino, evidenciando el impacto de la ideología patriarcal que la convierte en una profesión “ideal” para las mujeres y eficaz para preservar la división sexual del trabajo en la esfera doméstica.

…algunos de los argumentos que se utilizaron para abrir la enseñanza a las mujeres recayeron en la reproducción de los elementos que habían formado parte de las causas más arraigadas del control patriarcal: la relación entre enseñanza y domesticidad se estrechó aún más… las mujeres no sólo eran los maestros ideales de los niños pequeños (gracias a su paciencia y sus cualidades para la crianza) sino que la enseñanza era la preparación ideal para la maternidad (Apple, 1997, p. 70).

Desde la Federación Mujeres Jóvenes, queremos compartiros 10 ideas bases para la coeducación elaboradas por, Marina Subirats, Catedrática de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona:

1. Hacer el máximo esfuerzo para que niñas y niños vayan a la escuela, al menos en las edades de escolarización obligatoria

2. Seguir afirmando la necesidad de que niñas y niños acudan a los mismos centros educativos y compartan las mismas aulas.

3. Promover el acceso de las niñas, en igualdad de condiciones, a todas las formas de cultura, conocimientos, currículo, actividades, recursos, juegos, deportes, etc. a los que tienen acceso los niños.

4. Analizar los elementos de poder y autoridad, de uso del lenguaje, de uso de los espacios y los tiempos, los libros de texto, el currículo oculto, las formas del deporte, etc.

5. Establecer un plan de trabajo para modificar las pautas sexistas.

6. Modificar la distribución de poder en los centros.

7. Rescatar e introducir sistemáticamente la figura de mujeres que tuvieron relevancia en algún ámbito de la cultura o la sociedad.

8. Rescatar e introducir sistemáticamente elementos característicos de las tareas de género.

9. Enseñar a las niñas a participar con eficacia en los juegos y deportes típicamente masculinos.

10. Reconsiderar toda la cultura escolar a la luz de valores tradicionalmente femeninos.

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