La estúpida manía de las mujeres de morirse

Me pregunto qué nos pasa a las mujeres… ¿tendremos excesivo afán de protagonismo? ¿Nos gusta aparecer en la prensa? ¿Hacemos una montaña de un grano de arena? ¿Somos unas drama queen? Y la madre de las preguntas: ¿por qué nos morimos cuando nos apuñalan, nos queman, nos degüellan, nos disparan o golpean?

En primer lugar, aclaremos para quienes estén perdidos o perdidas que las personas mueren, eso lo sabemos también las feministas. Esta realidad forma parte de nuestro ciclo vital y es, por tanto, natural: nacemos, crecemos, nos reproducimos (si queremos) y morimos. Sin ir más lejos en 2014, en nuestro país fallecieron 395.830 personas, 194.259 eran mujeres según datos del INE. Las causas de defunción en hombres y mujeres son las mismas: enfermedad, vejez, accidentes de tráfico…

Esta es pues, una realidad que asumimos y en la que hay consenso, todos y todas morimos.

Con esto en mente abordamos la gran pregunta ¿por qué las mujeres tenemos este afán de protagonismo, por qué vemos titulares como este?

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Fácil, por qué no murió, porque la mataron… Porque es una víctima más de Violencia de Género, que como todos y todas sabemos (espero) es aquella que se ejerce contra las mujeres por el hecho de serlo.

Los medios de comunicación tienen al alcance de sus teclados y trabajo generar en la opinión pública el, lógico y necesario, rechazo a esta lacra que es la violencia de género pero no siempre, de hecho casi nunca, lo hacen.

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Esto dice la Ley 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género sobre la actuación de los medios de comunicación en estos casos

Pero esto no va de quien tiene la culpa y quien no, no va de tirar la pelota en otro tejado para eximirnos de nuestra responsabilidad, sí también tenemos. No olvidemos la presión que podemos ejercer cada uno de nosotros y nosotras… denuncia la mala práctica periodística, genera conciencia en tu entorno, desmitifica la violencia de género, acaba con los bulos y así algún día conseguiremos acabar con ella.

Las mujeres víctimas de violencia de género no mueren, las matan.

Nota: la imagen de portada ha sido extraída de la siguiente web.

LO QUE NO MATA, ENGORDA.

A lo largo de mi vida, por suerte o por desgracia, he podido observar el enigmático hecho de “el último latigazo de energía premortem”. Llamo así a las últimas gotas de vida que permiten, al organismo que agoniza, realizar acciones inesperadas –que no necesariamente honorables- para su estado de semimuerte.

Cuando uno ve la muerte de cerca, lucha. Lucha por diferentes motivos, pero lucha. Ya sea para dar y recibir las últimas dosis de amor, como para tratar de que esas no sean las últimas bocanadas de aire que consumimos. Y en éste último aspecto, la violencia de los actos toma constancia; sobre todo en el ser humano, mucho menos humano que otros animales. Un ejemplo claro son las langostas, que cuando las meten en una olla a hervir forman una pirámide que les ayude a huir de esa agua que, lejos de darles oxígeno, las mata.

En esos momentos las personas –al igual que el resto de animales- nos convertimos en súper o antiheroínas, capaces de correr más rápido, pegar más fuerte, levantar más peso. Luchamos para dar la vida por alguien o por salvar la propia. Superfuerza, supervelocidad. Dices “aguanta” y te obedecen, fuera de toda ciencia, aguantan. No sólo aguantan, resurgen de las cenizas; en ocasiones para crear otras nuevas quemando con sus propias ascuas.

Pero, como he comentado antes, no todas estas proezas son admirables -como la de las langostas-. Hay otras supervivencias que buscan tan solo evitar la muerte de sus privilegios. Y así es como, en pleno auge de movimiento feminista, estamos viviendo un revigorizado machismo. Un machismo renovado, letal, camuflado y poderoso. Un machismo que ha dejado el casposo prototipo de taberna rancia, carajillo y puro, para darnos un enemigo con barba hipster, pantalones cagados y sudadera ancha, polo de Ralph Lauren, pantalones flúor o vaqueros y camiseta de Tarantino. Da igual, ya no hay prototipos y podemos escuchar la palabra “feminazi” en boca de cualquiera. Aunque el enemigo que más miedo da sigue siendo quien no tiene pene, sino vagina. Enemiga, vaya –por suerte cada vez son menos-.

Pocos quedan ya que lo que hayan visto bajo amenaza sea el plato en la mesa, la ropa planchada y las zapatillas a los pies del sillón. Existe una nueva era en la que la mujer se busca las violaciones sufridas, justifica los celos y el control por amor, y se la entrena para huir de las agresiones que se está marcando este agónico y moribundo machismo. Al machismo no es necesario educarlo -¿para qué? Si está muriendo, ¿no?- Y es que, moribundo y todo, sus últimas energías premortem se están cobrando la vida de muchas, incluso sin necesidad de matar. Mujeres condenadas a cadenas perpetuas por individuos que no es que se tomen la ley por su mano, es que la ley está de su lado. 52.000 mujeres adultas protegidas en España por la Policía según una noticia de Cadena Ser del pasado 18 de enero, 552 mujeres menores.

Dicen que el ingenio despierta cuando la situación es crítica, situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Su medida desesperada ha sido atacar a nuestras más débiles e inocentes, nuestras menores. Pero esto, tampoco es nuevo. Tal es la obsesión por nuestras niñas que hay empresas con 10 años de experiencia dedicadas a la venta de muñecas sexuales que representan a niñas, estando el producto orientado a hombres pedófilos que, almas caritativas de la sociedad, no quieren cometer un crimen. Sorprenden muchas cosas de esta noticia del 20 Minutos del pasado 15 de enero, pero a mí especialmente me sorprende una: ¿por qué sólo muñecas de niñas?

¿Qué os hemos hecho las mujeres? ¿Por qué nos queréis destruir? ¿Por qué os aterramos tanto sí sois vosotros los terroristas? Nunca una muerte había dañado tanto, pero somos fuertes y el machismo muere. Día a día un poco más. Tenéis miedo. No hemos necesitado un ejército poblado por hordas de feminazis. Tan amigos del creacionismo, habéis inventado y modelado a placer la figura de “feminazi”. Os habéis autodestruido sin ayuda de nadie porque os habéis inventado un término tan perfecto que sois incapaces de derrotarlo.

Esperemos que esto se convierta, por fin, en una –esperada- muerte anunciada. Ojalá que muera pronto y deje de matar. Esperemos que pronto brindemos y bailemos sobre su tumba, como sobre otras tumbas hemos hecho años ha. Que sea anunciada y gritada desde los balcones, y no tengamos que esperar el documental de pingüinos que nos dé la señal para descorchar las botellas de champagne.

Hoy estrenamos una nueva ola de aire fresco en el blog y os saludo con esta entrada para alentaros. Para deciros a todas (y a todos, pero principalmente a todas) que estamos ganando. Que no nos rindamos ahora porque parece que no, pero es que sí. Que lo que no mata, engorda, y nosotras nos vamos a comer con patatas a los que nos están exterminando.

                                                                                                                María Zugadi

Socia de PIPILOTA