El piropo también es agresión

 

 

Pongámonos en el lugar de otra persona, ¿Qué sentiría un hombre si viviera lo que viven millones de mujeres en las calles, que tienen que lidiar con piropos que incomodan?

Siguiendo las palabras de Claudia Ayola, experta en violencia, “Cuando uno habla de violencia sexual, las personas tienden a pensar sólo en la violación o acceso carnal. Existen muchas formas de violencia sexual: algunos piropos son violentos, algunas miradas, la manera como algunos hombres se aprovechan para tener contacto físico con una mujer sin su consentimiento, por ejemplo en los autobuses. El acoso sexual es violencia sexual también, y suele ser frecuente incluso en el ambiente laboral”.

Hay expresiones que, escondidas detrás de la palabra “piropo”, pueden ser agresiones verbales. Hay palabras que nos degradan y ofenden, ya que se nos califica como mercancía y no como personas.

Con este tipo de violencia se da un fenómeno curioso, ya que se nos trata de convencer de que son halagos, que para nada son ofensivos, a pesar de que nos incomoden, ya que asociamos la mayoría de las veces la agresión verbal sólo con los gritos. Sin embargo, a la mujeres también se les puede agredir con palabras jocosas que se estén diciendo con una sonrisa.

Ahora vamos con aquello de: “Qué exagerada eres, que sólo es un piropo, si te tienes que sentir alagada”. De hecho, muchas mujeres pueden sentir y manifestar agrado cuando reciben algún tipo de palabra en este sentido. Bien, pues la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que dos de cada tres mujeres en el mundo son violentadas en algún momento de su vida. Que existen múltiples tipos de comportamiento agresor y que no todos son físicos. Por tanto, calificar los piropos como violencia y acoso sexual callejero no es una exageración.

Y es que especialistas en la materia y organismos internacionales coinciden en que constituye violencia cualquier acción ejercida contra una persona contraria a su voluntad, produciéndole desagrado, molestia, incomodidad, angustia y/o sufrimiento. Precisamente incomodidad, molestia y desagrado son las sensaciones que muchas mujeres describen al recibir un piropo. De hecho, el acoso sexual se define por el miedo y la incomodidad.

El piropo como acoso sexual callejero entra en dos de las categorías de violencias descritas por el famoso sociólogo noruego Johan Galtung: la violencia directa, que comprende aquellas conductas de violencia física o verbal, y la violencia estructural, aquellas situaciones de explotación, discriminación, marginación y dominación que se perpetúan en la estructura social.

Si pensamos un poco, ¿en razón de qué un hombre desconocido tiene autoridad para decirte a ti algo sobre tu imagen o tu cuerpo? En este caso, en razón de un sistema, lo que denominamos “patriarcado”, que hace que los cuerpos de las mujeres puedan ser accesibles sin el consentimiento previo, en este caso a través de la palabra.

junio2014PiroposAgresión

Legislación anti-piropo.

En 2011 se planteó en España la posibilidad de elaborar un protocolo de atención a las mujeres receptoras de piropos en la vía pública, contemplando penas de cárcel y sanciones de hasta 3.000 euros. Sin embargo, no se llevó a cabo, de manera que las denuncias en este sentido suelen quedar impunes o ni siquiera son consideradas, y muchas mujeres ni se plantean la posibilidad de denuncia porque sigue sin entenderse como violencia de género.

Anuncios

De qué hablamos cuando hablamos de Violencia de Género??

Según expone la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la violencia de Género, en su artículo 1.3, la Violencia de Género “comprende todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad”.

No sólo escuchamos hablar de “violencia de género”, se utilizan otros términos como: “violencia machista”, “violencia doméstica” o “violencia sexista”. Pero el más requerido para no llevar a equivocaciones sería violencia contra las mujeres. Es un concepto claro y conciso para cualquier persona; visibiliza al colectivo de mujeres; y es el concepto que mayor consenso social y político tiene.

La definición de violencia contra las mujeres que se propone es la recogida en el artículo 50 de la Ley 4/2005, de 18 de febrero, para la Igualdad de Mujeres y Hombres:

“… se considera violencia contra las mujeres cualquier acto violento por razón del sexo que resulta, o podría resultar, en daño físico, sexual o psicológico o en el sufrimiento de la mujer, incluyendo las amenazas de realizar tales actos, coacción o la privación arbitraria de libertad, produciéndose éstos en la vida pública o privada”.

Se han catalogado diferentes tipos de violencia de género que a continuación os citamos y definimos.

Cuando hablamos de maltrato psicológico nos referimos a todas  aquellas conductas que conllevan un daño psicológico para la víctima, producen desvalorización y sufrimiento a la mujer. Este tipo de maltrato conlleva una manipulación en la mujer, incrementando el control y la dominación del agresor. Intenta convencer a la víctima de que ella es la culpable de todos los problemas, consiguiendo un malestar en ella, un sentimiento de culpa. Nos encontramos con: humillaciones, desprecios, amenazas, insultos, etc.

El maltrato físico es uno de los más conocidos y mejores detectados. Es el más evidente, los daños son visibles. No es un daño accidental, sino intencionado. Aquí encontraríamos conductas que irían desde un empujón, una bofetada o una quemadura, hasta la muerte.

Otro tipo de maltrato sería el maltrato sexual: toda aquella acción o conducta sexual que la mujer no lleve a cabo de manera voluntaria, tanto se consuma o no el acto.  Según Alberti y Matas, “se ejerce mediante presiones físicas o psíquicas que pretenden imponer una relación sexual no deseada mediante coacción, intimidación o indefensión”. 

Y nos quedarían dos tipos que no son tan visibilizados ni conocidos por la sociedad. Maltrato económico y social.

El maltrato económico, es el control de la información o el acceso a los bienes económicos del hogar (se le niega el derecho a trabajar, se le impide el acceso a sus bienes propios, se le priva del vehículo, etc.).

Y, en último lugar, nos quedaría el maltrato social: control de los movimientos dentro o fuera del ámbito privado. El agresor va alejando, poco a poco, a la víctima de su familia y de su red social, impidiéndole que mantenga cualquier tipo de relación con su entorno más próximo. De esta manera consigue aislarla y limitar su apoyo social que, en esta situación, es de vital importancia.

Nunca se produce uno de ellos de forma aislada, suelen estar varios unidos. Por ejemplo, el maltrato psicológico y físico, o psicológico y económico.

Debemos estar alerta, conocer cada uno de estos maltratos y saber detectarlos. Si tienes alguna inquietud, quieres aclarar alguna duda o necesitas ayuda escríbenos: grabatelo@mujeresjovenes.org

“Si te sientes mal, es que algo va mal”

Decide sobre tu vida y busca la felicidad. La merecemos